La RAE define a la envidia como “tristeza o pesar del bien ajeno, o como «emulación, deseo de algo que no se posee”. Un individuo puede envidiar a otro, por tener más riqueza, mejor coche, etc. La lista puede ser interminable, pero casi siempre relacionada con algo material.

Pero, podéis pensar,  ¿que tiene que ver eso con el gimnasio?. Pues, amigos míos, como en otros escenarios donde el ser humano se relaciona con otro, aquí la envidia puede aparecer cuando intentamos compararnos con otros compañeros/as del gimnasio, cuando vemos que los objetivos que buscamos nosotros con la actividad física, ya sean estéticos o no, son conseguidos por estos de forma más rápida a lo que nosotros hayamos logrado hasta la fecha.

No te inventes excusas para compararte con esas personas.

Es típico recurrir a afirmaciones cuando intentamos compararnos con otros compañeros/as del gimnasio como: «que suerte tiene este», «es que este lo tiene más fácil» o «lo que pasa es que ese tiene buena genética».

Nada más lejos de la realidad. Si es cierto que la genética puede influir, pero por norma general los objetivos, para cualquiera, se consiguen a base de trabajo, esfuerzo y constancia en tu entrenamiento, y por supuesto por el tipo de dieta y el descanso que le das a tu cuerpo.

Has de ser paciente por conseguir lo que buscas. No tienes porque envidiar aquello que si está a tu alcance. La envidia solo te va a provocar, en casos extremos, ansiedad por conseguir lo que buscas.

¿Puede ser beneficiosa la envidia?

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Valora los logros de los demás

Habrás escuchado más de una vez que la envidia puede ser sanaPuedes aplicarla en este contexto, si la envidia te va a ayudar para darte ánimos en tu entrenamiento. Si valoras los logros de los demás, utilízalo para motivarte a seguir hacia adelante. ¿Envidias el físico de tu compañero? pues cógelo como modelo a seguir, pregunta a tu monitor del gimnasio como puedes mejorar tu rendimiento, seguro te dará muy buenos consejos.

Los que son envidiados.

Para vosotros, en este caso, solo deciros que sigáis ahí, trabajando duro como siempre. Por desgracia, los seres humanos no nos alegramos siempre por los méritos ajenos. Tus seres queridos, tus amigos, si lo valorarán.

José BalbínAutor

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