Desde los 18 años me dedico a enseñar a nadar. Es algo que me encanta. Hice un parón cuando vine a Barcelona, pero alguien maravilloso me llamó un día para darme la oportunidad de seguir haciendo lo que más me gusta.

Antes de reincorporarme a mi profesión, no fue un camino fácil, engordé mucho en mi segundo embarazo y se unió la muerte de mi padre. Mi metabolismo se “fue de vacaciones” y hasta el aire me engordaba. Pero un día puse una foto mía en bikini en el espejo del tocador de mi habitación y me dije a mí misma: “Esa eres tú Noemí y así has de estar”.

No te hundas nunca en tu camino

No te hundas nunca en tu camino

Con ejercicio, dieta y mucho equilibro emocional, intentaba no pensar en la gran pena que tenía. El ejercicio físico me mantenía más feliz y logré volver a ser como yo era.  ¿Por qué cuento esto ?, ahora lo entenderéis.

Me gustaría que este texto que hoy redacto, haga pensar a quien lo lee, si a ti, a ti que ahora mismo lo estás leyendo y puede que quieras hacer algo y pienses que ya no es el momento, o lo veas imposible.

A veces, me encuentro con gente mayor que me dice: “no sabes como me encantaría saber nadar, nadar con mis nietos y jugar en el agua con ellos” o “con mis hijos”; “me da vergüenza que vean que no sé nadar”; “es mi ilusión, pero soy mayor”; “eso es para la gente joven y los niños, a ellos no les cuesta nada”; o me dicen cosas como “envidio cuando bajo a la piscina y veo a la gente nadar… y yo me quedo sentado/a en una silla”, y luego añaden en voz muy bajita… y tengo mucho miedo al agua”.

Solo es agua y está siempre presente en tu vida

Es solo agua, y más cantidad no es más dificultad

Cuando yo solo tenía 20 años, una mujer vino a aprender a nadar al centro deportivo donde yo trabajaba. Ella me comentó que soñaba a veces que nadaba y era libre. Llevaba una plataforma enorme en el zapato de su pie derecho. Tenía un problema y es que había nacido con una pierna mucho más larga que la otra, y eso le causaba muchos problemas de espalda y muchos dolores en toda la musculatura en general.

Aquella mujer se acababa de jubilar. Toda su vida había sido telefonista. Le dí clases de natación durante tres años, y me daba cuenta de que a veces metía la cabeza bajo el agua para llorar. Ella pensaba que no me daba cuenta, pero yo nunca le decía nada para no incomodarle. Lo que yo hacía era animarle, quitarle importancia, hacerle reír y motivarle con objetivos sencillos a corto plazo.

La diversión, parte del aprendizaje

Sin embargo, esa mujer se daba cuenta de que había personas que se apuntaban después que ella  y aprendían antes, y eso le desanimaba mucho. Pero claro, ella tenía mucho miedo y eso, le frenaba.

Aún así nunca abandonó, de hecho yo me fui de ese centro donde trabajaba para vivir en Barcelona, y ella continuó. Fue de las primeras personas mayores a las que enseñé a nadar. Lo cierto es que fue una satisfacción enorme para mí,  para ella ….  para las dos. El ejercicio físico continuado en el agua hizo que mejorase su movilidad en general, su coordinación, su musculatura. Como ella siempre me decía: “Noemí ahora soy otra persona, con otra vida y jamás te voy a olvidar”. Imaginad lo que fue eso para una novata” de 20 años. Ella aprendió a coordinar perfectamente el crol, la espalda y la braza, pero yo también aprendí mucho de ella. Vi todo lo que se consigue cuando eres constante y quieres llegar a una meta. Hoy por hoy, no sé nada de ella, pero imagino la cara que pondría al leer este texto. Sé que le encantaría.

El miedo es uno de los factores que más retrasa un aprendizaje. Si a este miedo le añadimos el elemento agua, la mezcla es explosiva. Por eso hay que saber conducir ese miedo para transformarlo en confianza, en seguridad, porque no hay edad para el miedo, ni hay edad para quitarlo”.

Quítate las zapatillas y disfruta del agua

Quítate las zapatillas y disfruta del agua

A los mayores que queréis aprender a nadar, poneos un bañador que os guste. El ritmo de aprendizaje dependerá de muchos factores, entre ellos el miedo (como decía antes), la condición física de la persona, su coordinación, su perseverancia y su disciplina. Pero sobre todo venid cargados de ilusión, ganas, optimismo. Y luego, reíros cuando algo no salga y pensad en lo valientes que sois porque… creedme que ese es el mejor de los métodos.

Nos vemos pronto.

Noemí Pérez
Noemí PérezAutora

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